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ЖАНРЫ

90 millas hasta el parai?so
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– ?Qu'e apariencia ten'ia este joven? – Miljelen pregunt'o severamente.

– Magn'ifica… – respondi'o Magda, y se puso a gimotear como una ni~na.

El abuelo escupi'o con rabia en el piso y, habiendo descolgado el tel'efono, pidi'o al guardia en la recepci'on que llamara a la polic'ia para declarar el hecho de un robo con allanamiento.

Los inspectores de polic'ia, acompa~nados de los funcionarios del servicio de seguridad del hotel y un traductor, llegaron al cabo de treinta minutos. Ni hablar de operatividad en el caso citado.

Las declaraciones de Magda eran confusas y disparatadas. En estas no hab'ia l'ogica alguna. Ella reaccionaba de una manera no adecuada a las preguntas est'andares de los investigadores, como si leyera en ellas un subtexto no expl'icito sexual. Miljelen Calan, contemplando tal actitud de la nieta, estaba dispuesto a cambiar su opini'on negativa respecto a las lesbianas desde el 'ultimo tiempo, rechazar al dios Od'in a favor del cristianismo tradicional y quemar todos los libros de Freud, salvo aquellas diez p'aginas que hab'ia le'ido con tanta dificultad. Por fin, le lleg'o el turno y el alem'an cabece'o de manera positiva, cuando le preguntaron si ten'ia algunas sospechas.

– Un barman con demasiado ah'inco intentaba detenerme hablando por hablar. Su nombre… Parece que se llamaba Julio… Julio C'esar. !Precisamente as'i! – Miljelen tom'o la iniciativa de la investigaci'on en sus manos – 'El se irritaba artificiosamente cuando yo intentaba apartarme de la barra, se ofend'ia por la falta de atenci'on a su palabrer'ia. Y a'un m'as, el barman hablaba mal de Fidel Castro y ped'ia con insistencia propina.

La suerte de Julio C'esar estaba echada…

* * *

El bot'in de L'azaro constaba de un brazalete de oro y una ropa interior de color turquesa – una lencer'ia con bordadura de encaje. Ven'ia volando en su “Lada”, viejita, sexto modelo a la cita con Elizabeth , camarera-vanguardista del hotel “Para'iso-Punta Arenas”, una fe'ucha de veinte y seis a~nos, que sufr'ia por la falta de atenci'on de su ex marido.

C'ardenas es un peque~no pueblito. Dec'ian que Juan Miguel se busc'o una amante mucho antes de haberse divorciado de Elizabeth. !Se separaron y todo! ?Para qu'e compartir un techo? La mujer dijo que 'el nunca la quer'ia, simplemente se compadec'ia de ella. Siempre sent'ia el complejo de inferioridad de su misericordia. Hasta reconoci'o que 'el, L'azaro, le regal'o la felicidad… Elizabeth realmente por primera vez sinti'o lo que era una pasi'on, sentir que era deseada, sentir ser una mujer, de la cual no se compadecen, sino que la quieren sinceramente…

L'azaro deseaba 'unicamente solo una cosa – lo m'as r'apido posible conocer a los familiares de Elizabeth, que estaban residiendo en Miami. El t'io de Eliz, su tocayo L'azaro le ayudar'ia en los primeros d'ias de estancia all'i, luego 'el solo se las arreglar'ia. La meta estrat'egica que era hacerse millonario, ya no parec'ia ser una quimera.

En lo que se refiere a Eliz, dicho sea de paso, su cuerpo no era tan malo. Cabe decir, L'azaro dispon'ia de un pelot'on entero de chicas como ella. Pero precisamente ahora Eliz lo excitaba mucho m'as que todas ellas juntas. En ese aspecto, L'azaro se asemejaba ser una ramera, la que goza del orgasmo viendo solamente los grifos de oro en el jacuzzi.

En opini'on de L'azaro, el apego a su ex marido Juan Miguel y al hijo Eli'an llegaba al absurdo. En sus proyectos a Elizabeth se le destinaba el punto clave, y 'el, como una persona con instinto hipertrofiado de propietario, aguantaba a duras penas tal bifurcaci'on. Sin embargo, 'el estaba m'as que seguro de que quedaba poco tiempo para compartir a Elizabeth con su ex familia. !Lo viejo ser'a destruido para satisfacer lo nuevo!

El ladroncillo no pod'ia concebir que el pasado estuviera formando el futuro, y a menudo lo estaba conduciendo. Los individuos de tipo aventurero menosprecian sus viejos pecados, no desean analizar sus err'oneos modos de actuar. Creen que, al enajenarse del pasado, llegar'an m'as r'apido a la meta. Cu'al es su sorpresa cuando al final del trayecto se encuentran con el pasado, esta inesperada cita conlleva habitualmente a resultados infortunados.

Yendo camino a la “amada”, L'azaro hizo una parada imprevista. Pudo ver una vaga silueta conocida en el senderito empedrado, al lado de la parte transitable.

– !Qui'en lo hubiera dicho, Dayana! – lo dijo en voz alta y apret'o el pedal del freno. El coche se detuvo chirriando al lado de la chica, en el pecho de la cual colgaba una mochila con un pituso. El “Lada” traquete'o unos segundos y se par'o espont'aneamente. El ch'ofer con dificultades hizo bajar el vidrio, se atrancaba la manecilla.

– ?Y en esta chatarra llevas a turistas? – expres'o con iron'ia la muchacha.

– Es que t'u sabes – esto es provisional – sin salir del coche, L'azaro lo coment'o entre dientes, estando irritado con su ruidosa chatarra, la cual no arrancaba de ninguna manera.

– En tu vida todo es provisional – continu'o ri'endose del ex coinquilino la chulona – Aunque una sola vez hubieras venido a visitar a Xavier… – suavizando un poco el tono lo pronunci'o Dayana con reproche. El pituso, al o'ir su nombre, balbuce'o algo ininteligible.

– Para qu'e visitarle, si acabo de verle – lanz'o esta r'eplica L'azaro despidi'endose, estaba contento de que el coche hubiera arrancado. Apret'o el pedal del acelerador, sin lamentarse dej'o atr'as a su antiguo amor y no deseaba pensar en el destino del ser, en cuyas venas flu'ia su sangre.

Al llegar al hotel “Paradisus Punta Arena”, se reasegur'o por si acaso – no hizo parar el motor. Qui'en sabe… Con odio iba recordando sus intentos infructuosos al fallarle la llave de encendido hasta que no hubo concebido el olor de una fragancia agradable y no hubo o'ido la tierna voz de Elizabeth. Ella ya hab'ia saltado al asiento delantero de su coche y cerr'o as'i la portezuela.

– Llegaste con diez minutos de demora – le susurr'o en su o'ido.

– Para eso hubo causas muy s'olidas – murmur'o L'azaro, cubri'endola con besos. Hasta en este momento, despu'es de las “simult'aneas”, que organiz'o la alemana llena de amor en el hotel “Siboney”, 'el la besaba con gran placer. Su afici'on ven'ia impulsada por la comprensi'on de su completa superioridad sobre la criolla cr'edula, la que deber'ia convertirse en un trampol'in para su ascensi'on. Despu'es le dir'a “Adi'os”, y no se pondr'a a fingir su piedad hacia ella, asemej'andose de tal forma a su ex prometido. Adem'as, ella misma reconoci'o que la piedad solo humillaba a uno. La dejar'ia abandonada sin m'inima compasi'on, en cuanto llegue la hora. Los millonarios deben tener un mont'on de criollas, mulatas y “chicas” de piel negra.

– Espera, aqu'i no – Eliz hizo parar a su h'eroe-amante. – La mucama Lourdes trab'o un l'io amoroso con un hu'esped – petrolero de Rusia. Alquil'o un jeep y se fue con ella a las playas del Caribe, a Trinidad. Sin dificultad alguna podemos penetrar en su bungal'o… – lo pronunci'o ella de una manera conspirativa, desapretando la palma de la mano y mostrando una llave magn'etica.

– Vamos – no hab'ia que persuadir a L'azaro, si se hablaba del sexo en apartamentos lujosos. De adue~narse de algo all'i, 'el tampoco rechazaba esa idea. Verdad es que, yendo por el camino, Elizabeth pudo convencerlo de que no lo hiciera. Adem'as, Lourdes le hizo un gran favor y ella no estaba acostumbrada a recompensar la bondad con una negra ingratitud. 'El, a su vez, acept'o lo expuesto por la amante con pocas ganas.

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